Un viaje profundo a la sal

Estaba en una playa que contenía un montón de agua y mucha gente bañándose, yo montaba una ola con mis dos piernas.
Me decían guarda esa agua es de cordón, vas a ir a parar a un pozo de tormenta. Yo decía tranqui babi, no viste Baywach?
Estaba re salado el asunto, sentía el calor del sol pegar en el agua y rebotar en mi hombro derecho.
Después, otro día, fui a la casa de una tía. Ella planchaba ropa, tenía una mascota que era un oso panda, en un momento pensé que era un delirio, pero después cuando lo vi revolcarse al lado del leño-hogar, me reí. No cavia lugar para la risa, se enojaba la tía. En su casa había un montón de platitos colgados en la pared, los colgaban porque decía, que los platos la limitaban al comer, entonces para sentirse más libre comía con la mano y los colgaba en la pared porque que cada vez que miraba hacia ella, veía la libertad. La pared no la limitaba, porque para eso se había comprado un oso panda.
Después salí a caminar con la sombrilla al hombro, y me reía de los turistas, de los carteles descoloridos de coke, o muchas otras cosas abandonadas, porque si, porque ya no dan más guita. Entonces también, porque si, me reía.
Otro día viví en una casa, que no era la  mía, pero que mi llave entraba justo. Nunca vinieron los verdaderos dueños, así que la hice mía. Lleve un montón de gente, hice una fiesta, lave la ropa, no la planche y hasta dormimos. Había dos camas, todos durmieron en la de dos plazas, y yo sola en la de una plaza, al principio me sentí elogiada por la decisión grupal de excluirme para el confort. Después, me di cuenta del plan, prendí la luz y dije se cabo, nos vamos, me están cagando.
Después, mas tarde, caminaba con mi mochila por la peatonal, porque nunca tuve casa y como me reí mucho de su oso panda, caí al suelo a reírme y a jugar con el osito, la tía me agarro de las piernas y de los brazos y me echo a la calle.

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