Vi morir aquel perro
en mis brazos
llenos de sangre,
que corría por afuera de la piel
del animal
que
sostenía.
Quiero decir, no es
que los haya matado
yo.
Ni que una tortuga, un pez
y ahora, un perro
mueran.
Solo sangre
que no puedo limpiar.
He gastado
un rollo de papel higiénico
limpiándola,
Corre por mi cuello
la intrépida,
Dama Roja.
Y cuelga
de mis manos
su nombre.
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